Maxi Sanguinetti, un hijo de puta



Por: Ignacio Grunbaum (primero desde la izq., integrante del grupo humorístico Difícil que el Chancho Chifle)

Creo que es interesante hacer una distinción entre algo gracioso y algo humorístico. Cualquier cosa puede ser graciosa, una persona que se cae, un montón de pajeros burlándose del pobre pibe que le tocó hacer de “nerd”, un chiste de Beto César… mi perro persiguiéndose la cola es gracioso. Salta a la vista que son todos ejemplos en los que el uso de la inteligencia está más bien reducido. Pero algo humorístico es algo mucho más complejo; por más grosero, guarro, absurdo o el adjetivo que se crea que conveniente que sea el humor, siempre está involucrado el intelecto. Y es por eso que se dice que es tan difícil hacer humor.

El cómico me suele dar risa y pienso “qué gracioso”. En cambio el humorista no necesariamente me genera risa, pero sí me hacer pensar “qué hijo de puta”. Qué hijo de puta este tipo que dice esto que me parece tan cierto, tan lúcido, tan jugado. Hijo de puta no como un mero insulto, sino como una expresión de admiración hacia ese hijo de puta. Y Maxi Sanguinetti es un hijo de puta.

Es uno de esos tipos que ven ese detalle, esa veta, esa arista que a otros se les pasó; y que saben cómo hacernos reír de esas cosas, de nuestras propias miserias mínimas, cotidianas y de nuestras tragedias de siempre.

Hace poco pude asistir a la presentación de su nuevo libro “MAXIHUMOR”. Una edición verdaderamente exquisita de la Editorial de La Hendija. Y debo decir que, contrariamente a lo que imaginaba, la lectura del libro me llevó varios días. En primer lugar, porque quería extender esa sensación de estar leyendo algo genial; y en segundo lugar, porque muchos de los cuadritos del libro me dejaban pensando unos buenos minutos.

Utilizando como excusa y como recurso dibujos simples, se priorizan (lo sé de boca del propio autor) las ideas de sus trabajos. El tono del libro, la lucidez de las tiras, la humildad que surge de la sospecha de rozar la genialidad (el subtítulo “Selección de algunos chistes que zafan” lo dice todo) y la estética de este tipo en general crean una joya única; lo convierten en uno de esos libros que uno DEBE tener en la biblioteca (o quizás en el baño, ¿por qué no?).

MAXIHUMOR es un libro no apto para viejas conchudas; o tal vez dirigido específicamente a esas viejas conchudas. La burla constante de las costumbres jurásicas, el compromiso de cada palabra que se agradece asintiendo con una sonrisa y la inclusión de chistes de sexo gráfico… o mejor dicho, explícito; hacen que uno sepa que Maxi es un humorista serio. Uno de esos que se hacen cargo de eso que están diciendo. Uno de esos que te enorgullece tener en la ciudad que habitás.

Contar chistes de suegras es fácil; pero este Maxi es un verdadero hijo de puta.

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