(Reseña del "Maxihumor" por el gran Marbot)
Al
libro del Maxi te lo lées en un cago. Garantizado. Y va más allá del
tracto intestinal de cada uno. Al libro del Maxi te lo leés en un cago
porque, al igual que esa obligada –y muchas veces postergada, diría Georgina Barbarossa- actividad fisiológica, una vez que empezás no podés parar.
El
recopilatorio, editado por la Fundación La Hendija, comienza con
algunas humoradas primigenias del autor. Algunas muy buenas y otras que
para algunos pueden llegar a ser una cagada. Al inicio hay que hacer un
poco de fuerza para reírse, pero a medida que las páginas pasan, aparece
el Maxi más visceral, orgánico y coprometido (*). Y
ahí se vuelve notable la lectura e inspiración por Crumb, Henfil y Adao
Iturrasgarai: teta, culo, pito, caca, teta de nuevo y caca otra vez. E
incluso se da el gustito de crear un cuadrito a dúo con este último.
Pero el Maxi no es de limpiarse, levantarse y tirar la cadena. Hay
chistes sobre los poderosos que nos cagan como de arriba de un palo, de
cagadas que se mandan los políticos y después tenemos que limpiar
nosotros, y de cómo muchas veces quedamos con los pantalones bajos y con
el culo al norte.
Porque ese es uno de los tantos papeles del
humorista gráfico. Y porque cansa ver tanto inodoro desbordado de
injusticia. Amigo lector, aproveche la reedición de este libro
infaltable en su biblioteca, o en su sanitario revistero. Si vive en
Paraná, su vegetariano autor se copromete a llevárselo a su casa en
bicicleta. Y si tras la entrega éste le pide usar el baño, no lo dude.
Honores como esos, no se tienen todos los días.
(*) Comprometido con la caca (copro), metido en ella.

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